LA VIDA ES AHORA

Todos tenemos sueños, deseos, ideas que nos gustaría materializar, la esperanza de un futuro mejor… ¿Quién no tiene a menudo la sensación de que “más adelante” cuándo suceda tal cosa o consiga tal objetivo será realmente feliz? Es muy curioso observar en nuestro modo de vivir la tendencia que tenemos a esperar. Esperar para vivir de verdad, esperar a que las cosas que esperamos que sucedan, sucedan como esperamos. Vivimos creyendo que aún (en este momento) no disponemos de lo suficiente en nuestra vida para vivirla plenamente. Devaluamos, sin darnos cuenta, el momento presente, cada instante vivido de nuestra vida, por la esperanza de que en el futuro, cuando ciertas circunstancias confluyan en mi favor, todo será mejor.

Con esto no quiere decir que desear sea incorrecto o que trabajar por conseguir lo que se quiere  sea una locura, ni mucho menos. Desear es una tendencia natural de la mente humana y cuando los deseos se convierten en aspiraciones alineadas con lo que realmente anhelamos desde lo más profundo de nuestro corazón, surge una energía entusiasta que nos orienta a la vida, a hacer cosas, a jugar, a proponer, a compartir, en definitiva a abrirnos más a todo lo que nos rodea. Esto es sano y deseable para cualquiera. Es algo maravilloso, siempre y cuando la promesa de esos deseos no prevalezca sobre lo que estoy viviendo ahora, porque en ese caso se corre el riesgo de desaprovechar la oportunidad de experimentar por uno mismo que todo lo que necesito para sentirme vivo y feliz lo tengo aquí y ahora.

Desde la práctica del mindfulness este es el gran aprendizaje de cualquier ser humano que decida vivir de un modo más consciente en el presente. El entrenamiento de la atención revela progresivamente cómo nuestra mente oscila permanentemente entre el pasado y el futuro, incapaz de permanecer en ese espacio de calma y bienestar interior que se encuentra detrás del ruido mental y el estrés. La constante sucesión de pensamientos, preocupaciones, temores, aversiones y deseos sobre como deberían ser las cosas nos distraen de la realidad de este momento, de manera que pasamos la mayor parte del tiempo en cualquier otro lugar menos donde realmente estamos. El impulso de querer anticiparnos a lo que viene después nos sumerge en una carrera sin destino a ninguna parte, en la que frecuentemente actuamos de manera automática dando salida por inercia a lo que va apareciendo en nuestra agenda. Como lo expresa Eckhart Tolle en su libro “El Poder del Ahora”: “El estrés aparece por estar “aquí”, pero querer estar “allí”, o por estar en el presente pero querer estar en el futuro”. La práctica regular de mindfulness facilita que el foco atencional se vaya familiarizando con lo que acontece ahora, lo que estoy haciendo, sintiendo o lo que está pasando a mí alrededor en el mismo momento en que está ocurriendo, sin juzgarlo, simplemente contemplando cómo la vida se despliega a cada paso mientras respondemos conscientemente a cada situación que se presente. Esta práctica nos sintoniza con la vida tal cual es y nos brinda la posibilidad de descubrirla, disfrutarla y apreciarla, momento a momento, en todo su esplendor.

El mindfulness es una invitación a vivir el proceso en lugar de esperar al resultado para vivir… La vida es ahora, sin esperas. Si no es ahora ¿cuándo?